"América Latina": las venas abiertas de un debate terminológico

2026-09-15 15:14:29 - MUNDO

Las palabras importan. También en los mapas. Cuando Donald Trump quiere renombrar el Golfo de México como Golfo de América o ponerle su apellido al estrecho de Ormuz; o cuando la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, propone cambiarle el nombre al Paso de Cortés, lo hacen con una intención política.

Los mapas, como muestra la reciente decisión de las Naciones Unidas de adoptar un nuevo mapamundi más acorde con las proporciones reales de los continentes, no solo representan la realidad geográfica, sino que tratan de interpretarla y, en muchas ocasiones, configurarla. Es lo que hacemos, por ejemplo, al dibujar fronteras. Por eso estos cambios de nombre son a veces tan polémicos. Aunque no siempre.

Algunos de estos cambios simplemente se adoptan, se integran y, con el tiempo, prácticamente se olvidan, como sucedió cuando Nueva Ámsterdam pasó a llamarse Nueva York.

Otras veces se enquistan y continúan mostrando el conflicto entre dos realidades, como ocurre con las Islas Malvinas, Falkland Islands para los británicos. Y a menudo, como con el término "Latinoamérica" o "América Latina", muchas veces se desconoce incluso que existan estas connotaciones. O, al menos, que las tuviera inicialmente.

Actualmente, hay diversos historiadores y analistas, en muchos casos españoles, pero también de otros países, como el argentino Marcelo Gullo, que cuestionan el término "América Latina", porque fue creado en un contexto histórico concreto en el que Francia, una potencia colonial de menor calibre en América que España, quería impulsar allí su presencia. Y no sólo en el plano ideológico o cartográfico, también en el militar, como muestra el intento de invadir México tras intervenirlo junto con España y Reino Unido en 1861. Tuvo menos éxito que los estadounidenses, que se quedaron con Texas, California, Nevada, Utah, Arizona y Nuevo México. El nombre de este último, por cierto, también ha estado en el punto de mira de Trump.

"Si a mediados del siglo XIX la idea de América Latina es francesa, del sansimonismo del imperio de Napoleón III, esa idea al final fue apropiada por los propios argentinos, uruguayos, algunos mexicanos...", comenta a DW el historiador mexicano Mauricio Tenorio-Trillo. Y la adoptan por oposición a la América anglosajona, no necesariamente aceptando la pretensión francesa "de crear un imperio latino, ahora con una cabeza que no es Roma, sino Francia". "Pero 'América Latina' también va adquiriendo connotaciones específicas", explica.

Tenorio, investigador de la Universidad de Chicago, ha estudiado en profundidad la evolución de la idea de América Latina. Su libro sobre el tema, titulado Latin America. The Allure and Power of an Idea, es una referencia importante para esta cuestión. Llega a la conclusión de que es "una categoría horrorosamente racial y étnica" que debería haberse abandonado junto a otras similares como el paneslavismo o el pangermanismo, pero que, sin embargo, ha sobrevivido porque ha ido adquiriendo connotaciones nuevas. "Esa idea se va transformando a lo largo del tiempo", explica.

El primer uso documentado del término "América Latina" es del escritor colombiano José María Torres Caicedo en un poema titulado "Las dos Américas", publicado en París en 1857 en la revista El Correo de Ultramar. Precisamente en 1861, el mismo autor publicó un panfleto bajo el título Bases para la formación de una Liga Latino Americana.

Lo cita el historiador José Manuel Azcona en su reciente libro El esplendor de la América española y lo enmarca en un intento consciente de desterrar el término "Hispanoamérica" por parte del Segundo Imperio francés, liderado por Napoleón III. "Lo de 'América Latina' lo inventa Torres Caicedo con un odio furibundo a España y es aprovechado por los enemigos intelectuales y políticos de mi país para despreciar la magna obra de España en América", resume Azcona, que aboga por utilizar "Hispanoamérica" o, si se quiere incluir a Brasil, 'Iberoamérica'.

Y rechaza que se trate de un debate terminológico estéril limitado únicamente a la historiografía española. "A millones y millones de personas en Hispanoamérica les parece muy positiva la obra de España en su territorio y se sienten absolutamente orgullosos de la misma", defiende.

Por otro lado, el término "América Latina" se va institucionalizando: "Por ejemplo, se vuelve una oficina del Departamento de Estado de Estados Unidos o una categoría académica, con los Estudios Latinoamericanos" en diversas universidades, dice Mauricio Tenorio. Sin embargo, prosigue el historiador, "nadie pensó nunca la unidad latinoamericana como se dice de Bolívar, para quien lidiar con estos países era como arar en el mar". Tenorio no encuentra una continuidad ni geográfica ni lingüística ni histórica ni política que justifique que hablemos de una "América Latina" como una unidad.

Pero la idea de Latinoamérica se ve ahora, en el siglo XXI, reforzada por las migraciones, que "han creado la idea de latinos". "Cuando estás en casa en Brasil tú eres brasileño, no eres latinoamericano, nadie se considera latinoamericano... en las encuestas solo un 7 % de los brasileños la asume como identidad, se creen antes ciudadanos del mundo que latinoamericanos y nadie es latinoamericano en su casa", explica Tenorio gráficamente. Eso no impide que, no obstante, según el último Latinobarómetro, crezca el porcentaje de, por seguir con el ejemplo, brasileños, a favor de una mayor integración regional.

"Eres latino cuando te vas a Estados Unidos o te vas a España", insiste Tenorio. "Y es una categoría que ahora refuerza la idea de América Latina como algo, una entelequia, una ontología que comparte una misma historia, una misma lengua, una misma..., cuando no existe tal cosa", protesta.

Para el historiador Mauricio Tenorio, tomamos a Krida Kahlo, hija de un alemán "que se apropia de los vestidos tehuanas, que son los uniformes que los españoles le ponían a los indios para que se distinguieran", como símbolo del mestizaje latinoamericano por influencia estadounidense.DW

Pero admite que el término "América Latina" está tan implantado, que ve inútil enfrentarse a su uso. "Es una idea que llegó para quedarse, usémosla bien... yo escribí el libro para, pues al menos académicamente o en términos de análisis, ser más cuidadosos, porque el problema es que este término no nombra una realidad preexistente: creó la realidad que nombra", explica. Y compara la idea con otra "nueva categoría que también juega a eso: la del Sur Global".

El profesor Azcona, de la Universidad Rey Juan Carlos, sí considera importante esta reivindicación terminológica, a pesar de la extensión del uso de "América Latina". "Para mí, la palabra 'Iberoamérica' es correctísima; 'Latinoamérica', no. ¡Claro que tiene sentido!", exclama. Y afirma que está teniendo éxito: "Desde que ha empezado este ámbito de la renovación historicista, hay montones y montones de personas que usan la palabra Hispanoamérica o Iberoamérica", señala. Aunque siga siendo mayoritaria la tendencia contraria.

Los indigenistas también tienen una forma propia para referirse a la región: 'Abya Yala'. Era un término local utilizado por el pueblo guna, originario de Panamá y Colombia, para referirse a sus territorios y significaba algo así como "tierra de fuego" o "tierra viva". En la década de 1970 y en paralelo al desarrollo de los movientos indígenas, se fue popularizando hasta que en la II Cumbre Continental de los Pueblos Indígenas en Quito se adoptó el término como nombre del subcontinente sudamericano, al que representan, además, con el Sur hacia arriba en el mapa.

Por supuesto, es también un término creado para contraponer a la herencia colonial: no había un nombre indígena para América antes de la colonización. Como no lo había, obviamente, para Europa. Pero al menos es una creación local, defienden.

Las palabras importan. Pero lo más importante es que nos entendamos con ellas. Quizá los latinos no son, en sentido estricto, latinos... pero es un nombre que ha permanecido. Tampoco "colonizar" viene de Cristóbal Colón, sino del latín. Nosotros seguiremos hablando de "Latinoamérica" y de "América Latina" porque son los términos más extendidos en la propia región, pero ahora sabiendo que una vez fueron un intento de reescribir sobre el mapa una historia distinta y más favorable a una de las grandes potencias imperialistas de la época. Quizá no se trata de ver qué término es más correcto, sino de entender qué historia cuenta cada uno de ellos. Porque no se trata sólo de cómo nombrar a la región, también de cómo entenderla.

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(ms)

Fuente: dw.com
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